Rear Window

Misterioso camporita, absolutamente enfermo, bardea a los Noble desde su ventana intermitente y le pega un corchazo al carismático líder del "prende y apaga". James Stewart y Grace Kelly, únicos testigos.
Una convalecencia prolongada permite detener el vertiginoso mecanismo de la mirada y surcar con éxito el gredoso camino de la observación.
Quebrado, también en el esfuerzo por paliar el tedio hitchcockiano, Stewart repara absorto en el rosqueo sobreactuado de un vecino paranoico que quiere trepar sólo para masacrar el último vestigio de terrorismo de Estado que circunda la grilla de TV: Sergio Lapegüe.
Nada detiene la bravura del revolucionario de sparkling que se ampara en el falso poder de sus sombras, simulando ser algún moderado ídolo deportivo tendiente al descompromiso más absoluto: un polaco Bastía, un pampa Sosa.
Luego, el voyeurismo de prime time miserable, la visión desnuda, indiscreta del horror: brutal fanastismo, discursos pobres y víctimas de cuatro mangos.
Oh, la realidad.
Una convalecencia prolongada permite detener el vertiginoso mecanismo de la mirada y surcar con éxito el gredoso camino de la observación.
Quebrado, también en el esfuerzo por paliar el tedio hitchcockiano, Stewart repara absorto en el rosqueo sobreactuado de un vecino paranoico que quiere trepar sólo para masacrar el último vestigio de terrorismo de Estado que circunda la grilla de TV: Sergio Lapegüe.
Nada detiene la bravura del revolucionario de sparkling que se ampara en el falso poder de sus sombras, simulando ser algún moderado ídolo deportivo tendiente al descompromiso más absoluto: un polaco Bastía, un pampa Sosa.
Luego, el voyeurismo de prime time miserable, la visión desnuda, indiscreta del horror: brutal fanastismo, discursos pobres y víctimas de cuatro mangos.
Oh, la realidad.


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