Rescate Emotivo

Gabriel Mariotto aprovecha el debate con Beatriz Sarlo, nuevo "ícono de la corpo", para reivindicar a "Sábados Basurales", el programa ómnibus de Rodolfo Walsh que, injustamente sepultado en el olvido, nunca ganó un puto Martín Fierro.
En 1959, mientras gozaban la primavera de la disolución por decreto del peronismo (en todas sus formas), un grupo de cogotudos aliviados gastaba sus horas al pedo en redactar el manifiesto fundacional de APTRA, el cual, entre otros principios, pautas y códigos irrelevantes, establecía que "durante el peronismo, el espectáculo argentino había sido convulsionado por un terror escénico que provenía de un aluvión zoológico extremo, similar al de Italia con la despiadada acción actoral de las llamadas Brigadas Rojas".
Esta visión parcial, absolutamente precaria, privó a Walsh luego, en los 60 y 70, de acceder a una distinción que hubiese enaltecido aún más su impecable trayectoria.
No obstante, establecidos nuevos vientos democráticos y atravesando valiente la frondosa alameda de "canonización o barbarie" que impone el seissieteochismo, el titular de AFSCA aprovechó la resignada visita de Beatriz Sarlo a los estudios de Alcorta y Tagle para cuestionar su defensa, su abyecta militancia corporativa que aplaude el accionar mediático de un Chiche Gelblung y reniega de los productos televisivos de Walsh: sus apasionantes relatos de partidos de ajedrez en La Plata, sus célebres cortes de manzana desde José León Suárez, sus entretenimientos familiares y, fundamentalmente, sus culos subversivos, que le impidieron intercambiar cianuro y lsd con Mike Amigorena en una eventual entrega de premios.
En 1959, mientras gozaban la primavera de la disolución por decreto del peronismo (en todas sus formas), un grupo de cogotudos aliviados gastaba sus horas al pedo en redactar el manifiesto fundacional de APTRA, el cual, entre otros principios, pautas y códigos irrelevantes, establecía que "durante el peronismo, el espectáculo argentino había sido convulsionado por un terror escénico que provenía de un aluvión zoológico extremo, similar al de Italia con la despiadada acción actoral de las llamadas Brigadas Rojas".
Esta visión parcial, absolutamente precaria, privó a Walsh luego, en los 60 y 70, de acceder a una distinción que hubiese enaltecido aún más su impecable trayectoria.
No obstante, establecidos nuevos vientos democráticos y atravesando valiente la frondosa alameda de "canonización o barbarie" que impone el seissieteochismo, el titular de AFSCA aprovechó la resignada visita de Beatriz Sarlo a los estudios de Alcorta y Tagle para cuestionar su defensa, su abyecta militancia corporativa que aplaude el accionar mediático de un Chiche Gelblung y reniega de los productos televisivos de Walsh: sus apasionantes relatos de partidos de ajedrez en La Plata, sus célebres cortes de manzana desde José León Suárez, sus entretenimientos familiares y, fundamentalmente, sus culos subversivos, que le impidieron intercambiar cianuro y lsd con Mike Amigorena en una eventual entrega de premios.


<< Home